Atareadas anduvieron las hadas que hacían de hadas madrina, apartadas ya por su cuenta ya retiradas viviendo en sus mundos donde cosían todo el tiempo faldas de gasas
de todos los colores y mantillas para las ninfas, las alas replegadas enseñando a las novicias que
ellas estaban para cambiar lo malo por lo bueno, lo defectuoso por lo correcto,
y así para todos, espirales de malas ondas por espirales de buenas ondas, las hadas
más viejitas que daban las tareas a las hadas primerizas, enseñándoles para que vuelen, que desplieguen sus alas, y a las hadas nodrizas
que se pusieron inquietas incómodas antes de empezar sus tareas sus duras
tareas de ablandar a los malos de premiar a los buenos, todo lo que va vuelve,
todo lo que vuelve va, como si fuera una rueda, les decían, cuando una de las
niñas que iban a ver, estaba haciendo renegar a su niñera por caprichos y
egoísmos y tan nerviosa la puso que la niñera tuvo que pasar la queja a la
madre de la niña que antes le dijo que la dejaba tranquila con ella porque era
tranquila su nena, pero de pronto estaba la niñera poniendo sus quejas a las
madre diciendo que no estaba acostumbrada a los niños con antojos y menos con
estos antojos de andar haciendo por su cuenta, y entonces la madre muy enojada
le puso las quejas al papá de la nena, que enfureció y se descargó con los
empleados que cuando regresaron a sus casas se despacharon con sus mujeres que,
como si fuera un círculo que no se resolvía, gritaban a sus niñas caprichosas y
egoístas, en una cadena de enfurecidos en iras que, calmados por los polvos
mágicos que salían de la varitas de las hadas una explosión de lentejuelas de
colores, estelas invisibles o visibles de afeites perfumados que menguaban los
nervios disminuyendo los pelos de punta, aserrines con formas de millones
estrellitas de todos los colores que se pegaban en las gasas de sus blancos
vestidos pero también se esparcían a millones por donde corrían las brisas que
ayudaban en esos viajes, burbujas, espumas que daban alegrías, trabajando
fuerte como les dijeron las hadas madrinas, para que la niña entre esas niñas,
bajando la cabeza no hicieran renegar a sus madres que trabajaban todo el
tiempo como trabajaban sus padres, y entonces le ahorraban las renegadas y la
mujer o las mujeres de los ayudantes no retaban a sus maridos que no se
quejaban con el padre ni maldecían a sus proles que además cuando volvía a casa
no maldecía a su compasiva mujer que más tranquila, no retaba a la niñera, que
no se agotaba con la niña, que era una niña buena y educada.

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