Con miles y miles de obreros para
el surco legaron cientos y cientos de empleados, de todas las calañas,
contables, administrativos, operativos, la aldea se hacía grande y cuanta más
gente se contrataba en las provincias vecinas y en las fronteras, más gente
hacía falta para controlar a los otros y que se cumplieran los intereses de la
empresa porque en los montones podía darse que vinieran de todo buenos y malos,
remolones y trabajadores, que hacían que los costos subieran o bajaran, y las órdenes
eran que mejor bajaran a que subieran los costos, y había que vigilar a los mutulitos que en los
descuidos se mandaban cagadas que dejaban de traste a la empresa con los
políticos con los que no había que tener problemas, porque era una empresa con
dueños benevolentes que pagaban bien como correspondía en todo el ingenio en
las fábricas en las cosechas, en todos lados, pero con dueños que no andaban
tirando ni un peso por ahí menos en gente muerta de hambre que contrataban por
miserias que no tenían porqué pasar de pretenciosos con los políticos que
andaban haciendo campañas en las épocas de las elecciones, a los empleados
había que cuidarlos, porque a los obreros, coyitas que Don Oviedo contrataba de
a miles en la Quiaca por lo mínimo posible la quincena lo justo, si con eso
andaban satisfechos igual que los matacos y los santiagueños, era gente de
conformarse con poco así que para qué andar dándole lo que no pedían, igual que
con las enfermedades y el hospital donde andaba el médico ese medio revoltoso
que pregonaba que no tenían que ser hipócritas que no hay porqué hacer
diferencias si empleados y obreros al final eran seres humanos y la empresa
tenía presupuesto y plata para cubrir todos los gastos, y merecían ser
atendidos de las enfermedades, ese médico que los jefes y supervisores tenían catalogado
de socialista y lo tenían en la mira para cortarle la cabeza en cualquier
momento porque no entendía explicaciones que se las daban a montones a cada
rato desde que había entrado le andaban preguntando de qué lado estaba al final
del lado de los pacientes o de la empresa que le pagaba el sueldo, encima andaba
jodiendo con eso que para qué habían instalado para qué habían hecho tanto lío
con la antipalúdica frente al cine teatro, será para que vieran el edificio y
la media docena de vehículos que compraron y la docena d enfermeros que
pusieron para que funcione de pantalla en la lucha de la empresa contra el
paludismo que mata a muchas personas a lo largo y a lo ancho del país, para demostrar que los dueños eran sensibles
aunque nadie se diera cuenta que circulaba una orden que vacunas solo para la
mitad de los cosecheros los otros tenían que aguantarse o rogar que no les
llegara la malaria, edificios y autos para cerrarle la boca a los lengudos que
andaban diciendo que ellos no se ocupaban de las cosas que son importantes para
el pueblo, pura fachada nomás para que los vecinos vieran los despliegues cada
sábado o viernes a la noche que iban a las funciones del cine, cada selecta
cada matiné que iban a dejar a los niños porque daban una de Cantinflas.

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