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Thursday, January 01, 2015

Lo que se tiene rima lo que no se tiene.



En navidad en año nuevo, en cualquiera otra fiesta o reunión que se organizara para festejar un nacimiento un cumpleaños, como ladrillo de segunda chupaba el caballero que como eso mantenía la compostura hasta que la perdía cosa que no reconocía y que su compañera lo tenía que ir haciendo acordar en los días que seguían a los tragos desbordados que consumía, entraba en interminables libaciones que eran en todos los casos sociales porque las hacía en ruedas de amigos y de familiares, celebrando la suerte que tuvo en la vida, buen trabajo bien remunerado una mujer hermosa centro de la miradas de los que andaban en el círculo varones y mujeres y dos hijos también hermosos que siempre se congratulaba de amar hasta sus tuétanos, como ladrillo de segunda chupaba el caballero lo que le ponían al frente, más que otras veces en las fiestas de fin de año donde quien más quien menos bebía, entonces se notaba menos lo que ingería él mismo bajo la mirada indiferente de su comprensiva mujer que estaba cansada de pedirle que no se mamara menos en las reuniones familiares y de amigos, advertencias pedidos que no le llegaban porque empezaba con buenas intenciones en las horas de lucidez como a las siete de la tarde, cuando andaba agarrando las gaseosas como niño, pero a las once de la noche estaba hasta el tronco y entonces el mérito de temprano terminaba en quebranto antes del brindis, altura a la que el caballero no articulaba ni una sola frase coherente, lo que no importaba si seguía ante familiares y amigos, y sí importaba cuando los lastimaba de alguna forma, como la noche de año nuevo que se desapareció del mapa porque se fue de visita a la casa de una minita que había conocido, un pendejo de ahí justo de ahí tira más que una yunta de bueyes más cuando como ladrillo de segunda anda descerebrado desmayado donde lo agarra el desvanecimiento, cuando volvió lo andaban buscando y habían dado parte a la policía, y cuando volvió a la lucidez se dio cuenta que esa noche perdió para siempre lo que tenía, lo que parecía su familia, y además los pendejos que tenía en casa esos de ahí justo de ahí que tiran más que una yunta de bueyes.

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