Le llega que las zorras anden chismoseando
por todo el barrio que ella lo mantiene al cómodo de Liborio después de todo
qué les interesará pero las lengudas se meten con ella, o con Liborio que es un
picaflor y que capaz que les anduvo revoloteando y ella ni enterada, le llega y
le duele que anden comentando intimidades a gente que ni siquiera la conoce o
se hace de no conocerla cuando se cruzan en el mercadito o en las parroquia, si
a ellas no les importa menos a las damas de la iglesia chupa sirios que andan
detrás del cura todos los fines de semana, le llega le duele y le molesta que
por culpa de esas hipócritas los trapitos sucias de ella se anden ventilando
por todos lados y no lavándose en casa como bien dice el dicho, porque después
de todo todos tienen sus muerto en el ropero y esas andan muy desprendidas como
si fueran novicias del mejor convento, toda esa carga de pasiones y de malos
pensamientos se le limpian a Socorro a las cinco de la mañana en el universo
oscuro de su cocina, ese cielo encajonado entre paredes cargado de las estrellas
que salen de la fogata que se aviva en el horno, en chispas que salen prendidas
y se apagan a los segundo en el aire, ese es su cielo pero también sus
infiernos cuando se levanta mal gestada y se acuerda de toda la chusma que hay
que aguantarse al día de las vecinas, son como las tarántulas o las viboritas
que se cuelan en medio de los atados de leña que le deja el marido de la
tamalera que baja del cerro una vez por semana, son como las zorras que nunca ha
visto pero que son carroñeras aunque parezcan tiernas cuando se ocupan de sus
crías, le llega que esas alimañas ponzoñosas que se las tiran de vecinas anden
tan ocupadas en su vida.

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