Fue los tiempos en que los
mariconcitos eran directamente los putos y a las lesbianas las llamaban
tortilleras en el colegio, fue en esos tiempos que esas perdidas compañeras
nuestras del tercer año decidieron volverlo loco al cura Martínez, para el
curita el negocio parecía ser que se le llenaban los ojos de abundancias que
las otras le mostraban y para nuestras compañeras el negocio era aprobar
educación democrática que no nos servía para nada porque lo que enseñaba el
cura justo lo que enseñaba en el aula en la calle estaba dado vuelta, fue en
esos tiempo donde las cosas tenían sus nombres otros nombres eso de al pan, pan
y al vino otras cosas y las miramientos no funcionaban, que esa locas de
nuestras compañeras le encontraron las vueltas al profesor de sotanas amplias,
ellas todas aprobadas nosotros pobres infelices de los cinco varones que fuimos
todos sin excepciones aplazados, a diciembre, o a marzo si alguno se arriesgaba
a protestar por estas vueltas, donde ellas aparecían con esas camisas blancas y
los escotes de sus guardapolvos abiertos lo suficiente como para ver el
comienzo de unas tetas que explotaban de vigores por las juventudes de las
dueñas pequeñas ninfas haciendo sus cantos de sirenas para arruinarle más las
tempestades al otro, tempestades de los que imaginara por lo que veía, de esas
niñas que se sentaban en los pupitres de adelante y le cruzaban a propósito las
piernas, perversas, Penélope, penelopeadas, de las blusas abiertas y de esas
piernas musculosas y tersas que terminaban en algún lado al final de las
minifaldas y de los delantales levantados a propósito.

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