Pueblo chico infierno grande,
cuando todo comenzó a su gente le vino como anillo al dedo toda la intriga que
de pronto se blanqueó de un momento para otro, los que eran murmullos más que
otros días en la cancha del Atlético los domingos que jugaba el equipo de
primera se transformaron en comentarios y motivos de charla en las reuniones
del directorio o de las autoridades en las comisarías disponibles, lo que eran
los chismes de los domingos después de las misas de las diez de la mañana en
los bordes de la avenida Libertad pasaron a ser información interesante para
quienes la fueron pidiendo entretenidos con que el equipo jugaba con los
grandes, de un momento para otro, pasaron a importar los cuernos que se ponían
unas mujeres y unos hombres mutuamente sin que se desarmaran las familias que
eran sagradas como decía el cura Keiner, pasaron a importar las lecturas que se
hacían en las reuniones para distracciones para organizar representaciones
teatrales tipo caseras por entretenimientos en las épocas que la televisión no
llegaba más que con unas imágenes borrosas que después de las ocho de la noche
se desaparecían totalmente, pasaron a importar las opiniones que alegremente se
soltaban en las fiestas o en las quermeses, cuando se hablaban de las
injusticias o del trabajo duro en los surcos y en las fábricas, esas partidas pasaron
a importar de un momento para otro todas esas chusmas que antes se reservaban
en conversaciones íntimas o en las confesiones del cura que mandaba a rezar
infinitos padre nuestros y Ave Marías que no se podían contar como él quería mientras
se rezaba, pueblo chico infierno grande, primero cayeron esos profesores
iracundos que preguntaban y averiguaban todo del pueblo, después cayeron los
otros, los uniformados que vinieron por las averiguaciones de antecedentes,
mecha gente se pudo del lado de estos.

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