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Wednesday, November 26, 2014

Viejos tima nuevos.

Viejos tima nuevos.

Dos viejas locomotoras negruzcas sucias y herrumbradas soltaban vapor a los costados de lo bogues, destartaladas como si fueran soplidos, toses, desahogos de gigantes cansados, de tanto fuego atizado en sus fogones de tanta agua que rebalsaba en sus calderas, cruzadas en su ejes, iban y venían conducidas por maquinistas borrachos, todo el día tironeando vagones con azúcar que se sacaba del ingenio para armar el tren del día, bufaban como dragones míticos enojados con el esfuerzo, resoplaban y echaban chispas que se juntaban con las chispas que también sacaban sus ruedas en contacto con las vías mal mantenidas y la curvas en los cambios que chirriaban completando esos ruidos como gritos de titanes que, desde temprano, se batieran en la playa del ferrocarril en la estación del pueblo, cansados de tanto trabajo cansados de las luchas, viejos empleados cansados obreros de vías y de obras que salían de un rosario de casas al costado de las vías construidas con madera y retazos de vagones viejos, completaban en las tardes una abigarrada concurrencia, de vecinos que pasaban y se quedaban a ver las maniobras y de vendedores de ocasión que aprovechaban el amontonamiento para vender sus provisiones, manzanas acarameladas, pochoclos y gallinitas cargadas de anís que les sacaban de las manos, ahí, en medio de todo eso aparecía la rubia, inmaculada, que me miraba a la distancia y me llenaba esos días hasta que dejaron de serlo, siempre dentro de los límites de un jardín improvisado en medio de dos trechos de vía muerta, un pedazo de vida, nuevo, en medio de un montón de cachivaches.

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