Ellos mismos se nominan, se
destacan, se aplauden, se otorgan premios, postulan, se adulan, se modulan a sí mismo por
cuenta propia, abigarradas como abejas a un panal que dejó un occiso
legendarios aplaudido por otros aplaudidores locales o apoyado por
editorialistas mercenarios, ellos mismos se conocen así que cuando están en sus
concursos descartan lo desconocido y miran solamente lo conocido, que son quienes
los alaban porque ellos los alaban, llos mismos se apilan, se compilan, se
apiñan alrededor de un notable para rascar de las ganancias, ellos mismo se
olvidan o se hacen los olvidados de eso que también ellos mismos llamaron under
por descarte para que los interlocutores sepan bien que no se trata de ellos,
que ellos son los notables, los que escriben bien, los que hacen poesía
relevante, los mejores pintores, los mejores artistas, ellos mismos cierran sus
círculos de comercialización, son la cara visible de la propias omisiones, de
los otros, que tal vez son mejores que ellos, que se auto galardonan, para
ellos no existe la aldea profunda, ese interior que llaman solamente para
ubicar el lugar geográfico o para reivindicar para el turismo lo autóctono,
territorio adentro no hay artistas, salvo los que ellos reconozcan, pobres
infelices al final en la ola digital que se los devora peor de lo que ellos
devoraron por años creaciones de sus propios hermanos, aunque tengan el García Márquez,
no representan ni a sus tías.

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