Del negro al blanco de la bronca a la sensación de victorias con otros los que ganaban siempre, los que siempre tenían la razón, antes de conocerlos. En el verano del 63 fue JFK que,
por mi parte con once años cumplidos no entendía quien era pero por el revuelo
que se produjo en casa parecía un personaje, incluso las imágenes borrosas del
itinerario, repetidas hasta el cansancio en el armatoste de la televisión que
era una novedad por entonces en el pueblo, recordaban a cada segundo que aquel
asesinato por parte de un francotirador había sido una cosa grave para los
yanquis, después de todo era el presidente en ejercicio, así que el alboroto
que no entendía los viví de punta a punta, estuvieron como tres días hablando
de qué iba a pasar ahora que se iba a armar una guerra como la que estuvo por
armarse con la cuestión de los misiles en cuba un poquito después, cinco años
después eta vez en invierno la noticia fu su hermano Robert también masacrada
en plena campaña triunfante a la presidencia, a pesar que estábamos en una
aldea muy lejana estas noticias caían como baldes de agua fría según mi
interpretación de adolescente, y en el medio fueron Camboya y fueron Vietnam,
los temas que aunque lejanos pegaban en las charlas familiares hasta que
llegaba algún familiar le encontraba alguna relación con la aldea pequeña y la
aldea más grande donde vivíamos, y un verano, otra vez un verano, el verano del
ochenta JL del Beatles que dio vuelta el mundo con su música y sus amigos, ya
era grande, no tan grande tal vez para darme cuenta que de allá venían las
noticias, las malas noticias que después, un poco menos, eran malas noticias
por acá. Aunque las víctimas eran siempre las mismas y los episodios dejaran al
mundo al borde del mismo apocalipsis, y los giles nosotros diferentes, girando
como trompos, crédulos.

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