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Monday, November 17, 2014

Convivencias rima disidencias.



Cuando el diafragma del armatoste de la máquina hizo el crack final indicando que la foto familiar para la posteridad estaba terminada, que solo restaba que el añoso fotógrafo hiciera el trabajo secreto del revelado, Franklin quedó solito sentado en su mullido sillón que habían colocado al medio del patio atravesado por la mora, y alrededor del cual tenían que entrar los cuarenta familiares que entre hijos directos y políticos, hijos de los hijos, primos, estaban concurriendo de dos día atrás al evento, en viajes que entonces eran una aventura en trenes estresados u ómnibus descuajeringados, Franklin silencioso suspiró profundo y dos lágrimas de viejo le cristalizaron los ojos y fueron desplazándose con dificultad por las arrugas secas de su rostro, estaba enfermo del cuerpo no de la cabeza, se daba cuenta bien de esa desconcentración tan prematura y tan brusca después de haber posado diez minutos para esa foto donde saldrían todos sonrientes y unidos, estaban pegados con moco como decía el más chico de los nietos, podía escuchar los chismes de unos contra otros, las insidias, las envidias, de esos seres que eran de su familia, y acomodó el esqueleto octogenario sobre el mórbido sillón hasta que alguien viniera a rescatarlo, al final fue la parte más difícil de esa foto para la historia, que estos que se odiaban tanto pudieron convivir como si se amaran tanto un par de días para darle el gusto a Franklin que rompió con eso.




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