Ser hediondo no es una
prerrogativa, ni es un privilegio, de ricos o de pobres, puede serlo de sucios
y de limpios, decía, apenas con una vocecilla que apenas se escuchaba, mientras
se paseaba en pijamas y pantuflas y una estela de fragancias quedaba flotando
en el ambiente durante mucho tiempo, una cantidad de perfumes, de efluvios de
bálsamo, recorría los espacios para bienestar de los que andaban cerca,
Franklin, había dado la orden que descuidaran cualquier otro aspectos de sus
funerales, pero nunca en el de bañarlo en ungüentos que él mismo les dejó con
la consigna que después de limpiarle el culo especialmente lo limpiaran y lo
bañaran en esos aceites que venía almacenando en los últimos años, y lo
envolvieran desnudo en una sábana embebida de los mismo perfumes para que
ninguna de esa chismosas que andaban hablando de cómo perdió tanto dinero que
lo cubría de honores, dijera nada de sus olores de sus humores.

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