Recalaban las niñas en los
cuartos de sus progenitoras o donde las encontraran al toque, en los cuartos o donde fueran que andaban esas que no querían hablar del asunto que le escapaban espantadas, pero lo mismo las niñas caían para preguntar
por sus menarcas, por esos desbordes nuevos imparables con algodones que las
otras comedidas les alcanzaban en medio de explicaciones entrecortadas y
esquivas, ellas tampoco lo supieron en sus momentos y salieron más solas que acompañadas de todos esos apuros de mierda, recalaban las niñas asombradas pensando en lastimaduras en
equivocaciones para esa sangre tibia que encontraba sus cauces en los pliegues
de sus colas y entrepiernas, cálidos cauces que ensuciaban todo por momentos y
después se interrumpían, iban buscando auxilios para que ellas les siguieran
explicando sobre esto, lo que no terminaban de explicar lo que comenzaban para
interrumpir las conversaciones o cambiar de temas, para esto que venía encima
una vez por mes según lo que decían, recalaban las niñas y resbalaban en sus
intentos por llevarse algo más de las dudas que traían, buscando ayudas que no
llegaban y llevando recomendaciones puras recomendaciones como si ellas se
fueran a acordar de todo, que ni entendían porque ellas no querían que les
dijeran que los hombres esto que los hombres aquello, si apenas se daban cuenta
que los otros las miraban diferente, y encima que a ellas les gustaba, que con las miradas les bajaban sensaciones.

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