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Monday, September 01, 2014

Rayuelas rima payanas.



Tirar la sortija, el testimonio de lo que fuera hacia los cuadros que se iban dejando cumplidos en el camino, en cada turno que tocaba hacia cielos, o infiernos que no se conocían, otros que sí, en las armonías en las peleas de los bordes de las infancias, en los martirios de padres bondadosos o de padres neurasténicos que se quejaban y renegaban por todas las chiquilladas que se hacían o se habían estado haciendo, volviendo, levitando hacia esos espacios dibujados en los pisos de patios o zaguanes que quedaban después que nos íbamos que se borraban con el agua que corría si llovía, con las pisoteadas o las escobadas de las muchachas desesperadas y maniáticas con la limpieza, ellas tenían más habilidades que nosotros para alcanzar los cielos después de las escalas por las que iban a los brincos igual que nosotros, en una pierna haciendo equilibrio con las dos piernas suspirando en las treguas de esos juegos que exigían, no cualquiera empezaba no cualquiera terminaba no cualquiera se quedaba en medio de esos laberintos de postas donde se brincaban, ellas se levantaban apenas las polleras para hacerlo con facilidades de damas más cómodas que nosotros que por ahí no incomodaban lo que pedíamos los primeros pantalones largos porque cargaban los compañeros con los otros pantalones que dejaban al descubierto los pelos de grandes de las piernas cuando aún éramos unos niños, los cachetes de los culos blancuzcos que avergonzaban,  ellas tenían más habilidades de brincar y sostenerse con su piernas flacas en equilibrios que les permitieran no tocar las superficies de los pisos de dónde jugábamos y a decir nomás, parecía que no les interesaban los cielos que se alcanzaban y que a lo mejor eran los infiernos pero porque cuando llegaban por esas zonas ya tenían más puntos que los puntos que se daban en esos finales, ellas tenían más habilidades pero nosotros llegábamos más seguros sumando, igual que en las payanas.

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