Concentradas y en cuclillas las
niñas jugaban sus payanas incompletas, mal aprendidas mal enseñadas, ahí nomás
en los toques esporádicos con que los progenitores ocupados y las diligencias
de sirvientes comedidas según los salarios que cobraran, hacían llegar sus
costumbres también incompletas, resúmenes de las incomunicaciones
irrecuperables de esos años de distracciones para ellas y de responsabilidades
para los otros, jugaban sus payanas balanceando en las cuencas de sus manos las
piedras pequeñas que se ponían a pruebas de gravedades y de malabarismos
primitivos que las divertía y las mantenía al menos por unos momentos lejos de
las imprudencias ordinarias que sacaban de las casillas tanto a la mucamas como
a los progenitores ausentes en esas lidias, palma para abajo palma para arriba
con dos o tres o cinco piedras las que fueran. cantando repitiendo las fórmulas
de memoria incompletas también en trabalenguas que se olvidaban y salían
incompletas también como ellas, para ganar en las adivinanzas y en las
sorpresas, en las tardes abrasivas mientras los niños reanudaban sus carreras
en su carros armados con restos de todo, de cajones de perchas desarmadas de
rulemanes añejos, después juntos jugaban sus rayuelas saltando en los cuadrados
dibujados con tizas en el mismo pavimentos donde ellos zanjaban sus pugnas que
eran como son las pugnas de niños que parte de diferencias que se olvidan
apenas se avanza, jugaban sus rayuelas saltando por los cuadrados o los rombos
de la tierra juntando punto para alcanzar ese cielo solo un cielo para tantos
que al final compartían sus premios sentados en las tardecitas en pescantes de
escaleras de zaguanes frescos después de las regadas.

No comments:
Post a Comment