Esclavos de las palabras que se
dicen amos de las palabras que se callan así no sean solamente las palabras que
se hablan sino también las palabras que se escriben en infinitas cuartillas
plasmadas en hojas diferentes que van y vienen todo el tiempo, carillas enteras
de confesiones enteras declaraciones de culpas de cargos de conciencia de
emociones de esperas, ruegos, quejas, adivinaciones espeluznantes, había que ver
lo que escribía la gente, o lo que no escribía a lo mejor entre esos que
piensan que el que calla habla dos veces, eso eran las cartas simples, largas
descripciones indicaciones pinturas como postales, eso eran, que la gente no
dejaba de mandarse correspondencia con cada cosita que se tenía para contar
cuando se contaba mucho, en cartas expreso o en correspondencias con cargo a
pagar en domicilio, todos esos montones de papeles que se repartían los lunes
miércoles y viernes entre las ocho de la mañana y las catorce porque durante
las otras horas se clasificaban y se notificaban las urgencias de los obituarios
de los despidos con causas de las renuncias, nunca supo nadie lo que él sabía
ni lo sabría era su secreto mejor guardado, nunca dijo esta boca es mía ni lo
diría, que se pasaba horas abriendo y cerrando en forma impecable sobres
pegados, lacrados y timbrados, que cada día todos los días de todos los años
que llevaba haciéndolo ni su mujer lo sabía, en los feriados nacionales o de
fiestas patronales cuando lo dejaban de horas extras que se pagaban el doble
para clasificar para los días de reparto, sus secretos mejor guardados, por eso
se entrenaba en sus silencios, porque ya había visto mucho peces atrapados en
anzuelos de esos que confirman que el pez por la boca muere, todo eso cargaba
gallo el día en la recepción de la municipalidad, esperando entrar a sus
entrevista con el interventor, el no sería de los que se dice que el que calla
otorga, ni callaría ni otorgaría, menos a estos que andan persiguiendo
compañeros.

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