A ellas primero les dijeron que
no se preocuparan que eran cuestiones de rutina que esperaran unos días y los
niños estarían de vuelta encasa, que no se sorprendieran, que ellos venían a
colaborar para ayudar con los más descarriados, a orientar a los más maleables,
les dijeron que era por su bien que los hacían para ver sus antecedentes, y
explicarles como es la lucha contra la subversión apátrida que lucha contra el
capital que da de comer, a ellas y a ellos les dijeron que tuvieran paciencia y
que tuvieran en consideración que si los chicos no eran zurdos no les pasaría
nada que lo que ellos buscaban eran tipos de la izquierda que se meten en las
fábricas y en los surcos porque a los bolivianos los convencen rápido, que era
someterlos a unas cuantas preguntas para que dijeran si conocían personas
lugares de reuniones, otros lugares peligrosos donde se reunieran a planear
ataques con molotov caseras que preparaban en los garajes de las mismas casas
del ingenio, a ellas les dijeron que no se preocuparan pero que vigilaran más a
sus hijitos en estas épocas de enfrentamientos con el comunismo que se quiere
imponer en todos lados, a ellas y a ellos les dijeron que no se preocuparan que
solamente eran unos días y después los nenes estarían en sus casas, que querían
hacer con todos lo que hace pasar por la colimba, decirles que no había que
perder la compostura, nunca, que el hábito hace al monje, que había que andar
aseado con la frente bien alta y el pelo cortado a la americana, que el proceso
de reorganización nacional llegó para erradicar los focos subversivos, que
ellos estarían por unos días nomás, terminando sus tareas en santiamenes para
que en el ingenio se restablecieran los órdenes, a ellas y ellos les decían
todas esas cosas cuando se presentaban a las comisarías, y ellos y ellas no
entendían nada, menos, cuando pasaba el tiempo y los vástagos no volvían.

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