Un cráter se abrió donde pisaron
los matones, y un remolino de arena blanca y liviana se elevó en el aire entre
luces y penumbras de linternas como si fuera la estela interminable que deja la
pasada de un fantasma avisando que además del apagón se viene una patraña de
maldades, ahí estaban todos en medio de esos escenarios, los fanfarrones
pidiendo documentos en averiguación de antecedentes, y la multitud de
sorprendidos en sus jaranas de sábado a la noche sin entender esas interrupciones
violentas entre empujones y órdenes militares, si estaban ahí en la batida fue
porque alguien o muchos en el pueblo les contaron a esos prepotentes, que no
estaban seguros pero declaraban que buscaban subversivos violentos y marxistas,
que entre esos hippies milongueros había algunos, chismes de vecinos molestos y
desvelados, temerosos que las sospechas cayeran sobre ellos, antes que esos
mismos hippies apretados en sus declaraciones antes de la picana tendieran
mantos de dudas cuando declaraban de vecinos molestos y desvelados, puros
chismes, un cráter se abrió donde comenzaron las traiciones de vecinos prestos y asustados, y remolinos de los vientos que precedieron al viento norte, de bagazo negro y denso, se elevaron entre las brumas de la madrugada en ese pueblo de gentes como fantasmas sorprendidos en la noche por un sol rpentino, un sol de noche.

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