Demasiado entusiasmado y
demasiado alzado andaba el negro por esos días concentrado en lo que ella le
daba, cuando metía las manos entre las piernas ella se erizaba entera igual que
él que se mojaba entero en esos primeros aprontes, en los que ellas le daba y
en lo que ella le permitía que le toque como para preocuparse de otras
nimiedades, rastreaba con sus manos a pleno en esas humedades y sentía las
manos de ella suaves sobre las suyas, minucias que él mismo disparaba durante
las mañanas y tardes de rabonas sentados en las plazas o deambulando sin rumbos
por las calles del pueblo, seguro que por las calles donde no se cruzaba con
ninguno de sus progenitores, que si sabían que no estaba en la escuela, la
bajaban las líneas correspondientes para que volviera, nadie es nada si no
tiene estudios, demasiado entusiasmado y demasiado alzado andaba el negro
despertando al sexo con ella que estaba más entusiasmada alzada y enamorada que
él, así que no había rincón ni zaguán ni galería solitarias que cruzaban, sin
una de emprenderla a roces y besos y caricias comprometidas que les valieron
suspensiones en la normal, donde estaba esa directora que andaba detrás de las
chicas que no quedaran gruesas antes de terminar el secundario, y detrás de los
varones insistiendo que se dejaran de joder con las banderas de la revolución y
de los pobres porque el intendente de la intervención de la municipalidad no le
gustaban esas cosas le pidió que los hablara, demasiado entusiasmado y alzado
andaba el negro, como para andar cuidando de esas cosas que le gustaban más que
todas las otras, como jugar al futbol con los changos o mamarse en los asados.

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