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Sunday, August 03, 2014

Protecciones rima destrucciones.



Alumbradas por los cientos de sol de noche que aparecieron de golpe en el firmamento del pueblo entonces, las copas de los lapachos castigadas por las heladas que precedieron a los días del invierno que pasaba, completaban un cuadro lúgubre ambientes de fantasmas asustados confundidos en troncos y ramas, escarchadas, como si de golpe esos espectros sorprendidos hubieran alzado sus brazos y abierto sus manos para parar antes que sucedieran muertes y lloriqueos de plañideras, destrucciones golpes prepotencias, las copas de esos lapachos sin brevas ni floraciones en la avenida de entrada, lejos de las quemas de las malezas y las chalas en los surcos que en las distancias, en los cañaverales, confirmaban la iniciación de otra zafra, una cosecha más de lomear para llevar la caña hasta la coca grande de los trapiches que esperaban en las playas para alimentar la fábrica, como focos de otras luces lejanas en el horizonte que apenas llegaban como resplandores que después de unos minutos cesaban, alumbradas las copas de los lapachos sin hojas y en savias de invernadas aparecían como gigantes protectores advirtiendo en exabruptos que lo que acontecía estaba mal, que eso no estaba bien, que no entendían eso de transitar oscuridades con lámparas en una mano y armas en las otras aunque fueran armas que no servían, con que asustaran alcanzaba, en la avenida de entrada a esos barrios en eso conventillos, donde el carancho vigilaba de acuerdo a instrucciones precisas recibidas del ingeniero, más contento que preocupado porque iba viendo que su esfuerzo no caía como los de otros en saco roto, que los que vigilaba iban entendiendo la reglas no escritas de los nuevos tiempos, que se destruye lo que no es constructivo, que los constructivo se mejora que es lo que le conviene a la empresa y por lo tanto a sus obreros y empleados que todo los demás entran dentro de las bolsas de las insubordinaciones, y que eso se castiga, que para eso son las leyes y las órdenes del juez de paz y las resoluciones de la intervención militar, que hay que darse cuenta de mirar para otro lado cuando se pone espeso el caldo, que hay que darse cuenta que es mejor ser discreto que bocina, aunque haya veces que no se puede esquivar el pecho y otras que hay que hay que andar soltando el rollo, como los fantasmas esos, como esos gigantes que daban en perfiles las copas desnudas de esos lapachos en la mitad del inviernos, entre las sombras y las luces.

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