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Friday, August 08, 2014

Perfumes rima retoques.



Un mechón de tus cabellos y Venecia sin ti le pedía que le ponga esos temas los días que el otro la llamaba para que le haga todos los servicios que se le ocurrían mientras daba órdenes más instrucciones, que la verdad es que se le ocurrían varias cosas era muy ocurrente, pero ella sabía que esos eran los peajes de su libertad, hacía rato que se había dado cuenta que estaba pagando el precio de quedar, de permanecer adonde estaba, que era mucho decir que era mucho pedir considerando lo que deambulaban los otros, esos que no veía, esos que gritaban, puteaban, y que después no estaban más, las noches se hacían interminables cuando el tipo por algún motivo no la llamaba, cuando la dejaban a oscuras, sin dejarla lampacear siquiera el piso con desodorante para bacterias en el mismo cuartucho donde y dormía y cagaba, en esas noches ella sospechaba que probaba con otras reclusas que sabía que había porque escuchaba las voces, los quejidos, lo comentarios de otros prisioneros que como ella entraban por nada para averiguación de antecedentes y vegetaban en calabozos de morondanga, las noches eran cortas cuando la llevaban con él y la encerraban y él le pedía que le haga todo eso a lo que fue acostumbrándose, para esas noches había preparaciones que comenzaban unas horas antes, con perfumes y esencias que le hacían llegar los ayudantes del mayor comandante, que iba aflojando con el tiempo y le hablaba y le decía que le gustaban las mujeres que le daban todos los gustos a sus hombres, las noches se le hacían cortas, porque le permitían darse duchas cálidas y disponer de lo que ella le pedía, los ungüentos para hidratar esa piel blanca de tanto andar en los sombras, retocarse los bordes de los ojos, adornarse los párpados, hacer todos los revoques que lo aflojaban antes, mucho antes que ella empezara con sus artes de hembra embravecida, para aflojarlo.

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