Los primeros días se mezclaban
los miedos las dudas las certezas, más esa cosas que también se mezclaban pero
a su propia vista que le salían cuando el otro más inventaba y le pedía que le
hiciera eso le bajaban los calores y los flujos internos de esas corrientes invisibles
que terminaban con flujos que humedecen las bragas, era muy difícil saber
cuáles eran las intenciones de estos tipos uniformados y violentos metiendo las
narices en todas partes, opinando sobre todos los temas, disponiendo
intervenciones en las municipalidades en los gobiernos de los hospitales y las
universidades en todos lados, era muy difícil evitar las preguntas de qué era
eso de averiguación de antecedentes, que con veinte años no se tenían y
entonces dónde encontrarían qué, antecedentes de lo que ellos hablaban de los
zurdos y de la penetración de los zurdos, los primeros días eran todo eso más
las certezas que el tipo le pidió lo que ella le pescó al vuelo, todos los
hombres quieren lo mismo, malos o buenos se hacen iguales en eso, pueden estar
en las peores pero andan persiguiendo lo mismo pensando solamente en eso, los
primeros días fueron días de nauseas y sensaciones de placeres cuando en el
medio de hacer lo que él le indicaba comenzaba a sentir sensaciones que no
quería sentir pero que sentía, soplos de gozo que no reconocía en medio de los
menesteres de ese sargento que inventaba cuando estaban solos, los primeros
días fueron de repulsiones y pulsiones por lo bajo sin confesiones se calentaba
y fue teniendo sus retornos no confesos en esos orgasmos mezclados con
impotencias mientras el otro la arrinconaba y la sometía a entregas que fueron
pasando con cada noche con cada vez de cada noche con cado uno de los instantes
que el otro le hacía lo que quería sin que pudiera decir nada, ese era el
precio de la libertad que en algún momento vendría, le había dicho al comienzo,
que se relajara, que no se hiciera la chambona, que no era ninguna santita.

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