En los cielos encapotados, nubes
oscuras que no viajaban con los vientos caldeaban las modorras en esos días de
finales de julio en el ingenio, en cielos sin estrellas en cielos con las
estrellas taponadas, ellos se peleaban con los otros por las noches y cuando
llegaban las luces de la mañana hasta que el sol se perdía a la tarde entraban
en treguas de espías, puros trascendidos que después se confirmaban o se
olvidaban, las comadres callaban y comenzaban luego en los atardeceres, igual que los compadres que en las treguas de sus largas borracheras guardaban sus piolines en bolsa hasta la hora de la primera picada como a las siete de la tarde, deambulaban ellos y los otros quebradizos como las hojas que tapaban
alfombras de hojas secas en el piso que crujían en las calles del pueblo, con las pisadas de los obreros que entraban tarde con las pisadas de los milicos que controlaban el pueblo, ellos bocinaban contra
parientes y conocidos, los otros tomaban notas en hojas garabateadas en libretas de hule que compraba al por mayor el contador de la empresa, los
vecinos andaban atareados con sus menesteres cotidianos, salteados midiendo las
prepotencias de esos que averiguaban antecedentes, cejijuntos y preocupados por
correr con la inflación de mierda, con lo único que se entendía de ella que era
que Juan el carnicero por más buena voluntad que le pusiera todos los días
levantaba unos centavos más el precio del kilo de osobuco que le pedían para hacer el
puchero, cielos encapotados de nubes oscuras, mañanas brumosas con neblinas que
difuminaban los perfiles de los autos, las camionetas y los camiones que
andaban por las noches, de pronto en un pueblito de fárrago un tráfico
congestionado, mientras ellos, ellos hablaban de justicias sociales, ellos hablaban del che que se
presentía andando por la frontera de Aguas Blancas, del sistema que no daba más
con todas las iniquidades que hacen el gobierno y los gorilas amigos, mientras
los otros, silenciosos en su cuevas, planeaban cómo desmantelar los focos
sediciosos en las fábrica y en los colegios, dos de los lugares donde se justaban
ellos para andar jodiendo con los que les daban de comer, los patroncitos millonarios que una vez por mes se daban vueltas para preguntarle al carancho de las lealtades y traiciones de sus lacayos, ellos hablaban de
ataques arteros de traición a la patria y los otros de ataques arteros y
traición a la patria, como si hubiera formas de entender, diferente, qué eran los ataques
arteros y qué era eso la traición a la patria.

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