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Wednesday, August 27, 2014

Confesiones rima comuniones.



Nadie pudo andar poniendo en duda que al cura Martínez unas vacaciones le harían más que bien, dejar de escuchar a los montones de ovejas descarriadas que los miércoles de confesiones le llenaban la parroquia como hasta las diez de la noche, si al final panzón y renegón como era, además era un pan de dios y como un ángel de la guarda entrado en peso, iba a las tardecitas por las casas bendiciendo maldiciendo a veces, y entre mates y bollos redimiendo con la señal de la cruz y otros gestos, entre eructo y eructo liando a diestra y siniestra en medio de los provechitos que lo hacían que se anduviera disculpando, bendiciones con valor agregado, vahos de aliento a ajo y cebolla, nadie pudo andar poniendo en duda unas merecidas vacaciones, lo que sí le dijeron después los que quedaron, es que el momento no fuera el oportuno, que justo los dejara con esos matones que se llevaron a la misma gente del pueblo como si fueran unos desconocidos, la noche del apagón, matones de porquería cuando ayer nomás eran empleados grises del ingenio, los matones y los que ellos encararon, sí le reclamaron que justo esos días cuando más lo necesitaron lo encontraban al padrecito Carmelo, su reemplazo, que no se jugaba por nadie, que con que era de Italia, le negaba soluciones a cualquiera, hasta don Fuad lo anduvo buscando sin poder encontrarlo, quería decirle que le llegó el mensaje que su hija la arquitecta había desaparecido en el jardín de la república, mucha plata le tiene que haber dado el carancho para que el cura se desapareciera tanto tiempo y los dejara en medio de las masacres, como si se lo hubiera tragado la tierra.

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