La noche estaba negra pero de golpe
la volvieron la noche blanca, docenas de llamas y llamitas titilando por todos
lados de velas camisas de alógeno, linternas, faroles, faros de las camionetas
de los que andaban recorriendo el ingenio, la noche blanca se volvió de golpe
para ver donde no se veía, buscando que la vida no se convirtiera en muerte
buscando que la muerte no se convirtiera en día, la noche estaba negra y las
matronas de pañuelos en la cabeza rezaban la novena blanca de la virgen, en el
quinto misterio cuando comenzaron con la blanca noche, los matones pululando
persiguiendo a los que se escondían, no estuvo el cura Martínez cuando los
publicanos fueron a tocarle las puertas de la parroquia, desesperados rogando
colaboraciones, ausente estuvo en esos días aciagos, por lo menos es lo que
dijo la mujer que le hizo de sacristán los últimos años, porque parece también
que le cocinaba y le limpiaba el patio y el atrio, no estuvo ni antes ni
después del día del apagón, cuando los parroquianos le hicieron la vela escondidos
en el baldío de al lado, justo en el momento en que los matones fueron
encendiendo docenas de soles de noche alimentados de kerosene que empapaban las
camisas y deban resplandores blancos, blancos como la noche iluminada la noche
negra, el cura Martínez andaba de paseo con plata que el carancho, perspicaz,
le dio, sólo unos pesitos para que estuviera afuera del pueblo solo por unos
días.

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