Cuando fu su época, lejos de los tiempos de las vaca flacas el turco la
recogió con pala, con pala la recogió vendiendo cerveza y vino barato más que
en otro lado en los lotes, desde Florencia a Prediliana, de Palos Blancos al
Talar, cargaba dos camiones semanales que volvían, después de veinticuatro
horas de circunvalar los lotes, con los esqueletos con los cajones atestados de
envases vacíos que sonaban como la quinta sinfonía andando por las cortadas de
tierra que iban de un lugar a otro, lo que vendía en esas recorridas era dos
veces los que vendía durante toda la semana en sus despensa, y le alcanzaba
para mandarle las vituallas a su hija que estudiaba arquitectura para pagar la
pensión de alojamiento y comida más unos pesitos para colectivo y alguno que
otro gustito que él satisfacía cuando caía de visita, le alcanzaba para darle
la limosna al cura que le besaba las manos porque en un momento fue la limosna
más importante del pueblo, y le alcanzaba para darse cada semana una vuelta por
la luz roja, allá tenía dos mujeres que se desvivían por atenderlo porque el
turco era generosos y agradecido, con pala la juntaba durante mucho tiempo,
hasta el día que le vinieron a decir que su niña había caíso en manos de los
milicos, entonces se le cavaron las ventas y también las compras que hacía con
el producido de la ventas.

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