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Cuando llegaron los soldados
todas las fichas de las lealtades se pusieron arriba de los paños verdes de las
mesas imaginarias de los juegos que se jugaron cuando llegaron ellos las
lealtades a la empresa o a sus enemigos quedaron expuestas como huesos después
de grandes quebraduras, como las cartas que se mostraban después de haberse ido
al mazo en el truco, o se estaba de este lado o se estaba del lado de la
subversión zurda y apátrida de guerrilleros invisibles metidos en los cuerpos
de los mandamases que operaban en las fábricas y en los escritorios de la
administración del ingenio, ellos le pusieron sus pechos a las cosas que
escuchaban en reuniones secretas en casas de compañeros, no había turbiedades
en esos tire y afloje que habían comenzado el veinticuatro de marzo, y ahí en
los tire y afloje de la empresa con cada uno de los que formaban su personal
era sí o no y en esos sí o no el supervisor Caseros exageraba, lealtades que de
parte de él o de ellos era obsecuencia sumisión sometimientos aunque de eso no
le importara a nadie, para era por la lay del gallinero y por eso había que
subirse a los palos de más arriba porque después era cuestión de cagar a los
que estaban más abajo, pasaba las novedades en mensajes cifrados que si alguien
quería traducir se cagaba sólo él daba esa información, y siempre había unos un
poco más arriba cuyos excrementos llegaban y entonces se corrían los peligros
de siempre de ser suspendido y después de varias suspensiones despedidos y
quedarse sin trabajo en ese ingenio de mierda que para el tipo era la gloria,
en despidos que eran como morirse en vida porque ni siquiera se podía entrar
como despensero en los almacenes del hogar feliz, así que quedaba solamente la
obsecuencia como si lo demás no importara justo cuando los otros habrán
decidido comenzar con sus peores aprietes con sus peores torturas.

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