En la madrugada llegaron ellos,
antes del sol en medio de la humedad del otoño que recién comenzaba, llegaron
antes de sus comunicados porque las radios esperaban los partes del teletipo
que se activaba justo a las seis de la mañana, y en las otras radios de las
frecuencias normales no funcionaban hasta que alguien activaba los generadores,
de pronto llegaban ellos como si fueran amigos de unos enemigos de los otros a
los que había que disciplinar con uniformes vistas y con itacas, llegaban antes
que los empleados del teletipo que hacían tres turnos de ocho horas cada uno, y
antes de las noticias que no corrían por las calles por las cortadas por los
pasillos, por los bulevares del pueblo, de ese ingenio chico infierno grande,
de pronto los que eran dejaron de serlo los que estaban dejaron de estar, los
que no estaban estuvieron y los que no fueron comenzaron a serlo, y los vecinos
se convirtieron en buchones y los amigos en testigos falsos, en gendarmes de
sus conocidos en espolones de los amarraderos de los vecino que también se
transformaban, borran las sudestadas las fronteras las desbordan, no quedan
después ni pobres ni ricos, ni niños ni viejos, ni rubios ni morochos, se
llevan puestos bienes propiedades riquezas de los codiciosos que también se
llevan, cuando llegan a sus rincones desbordan muros paredones, borran la
sudestadas ideologías, pero no borran pasados de los que quedan ni cambian los
presentes ni determinan los futuros de los que estuvieron cuando llegaron de
los que fueron cambiando en cada averiguación de antecedentes en cada recitada
de memoria del número de documento de identidad, como si alguien hubiera dicho
muchas veces, como si alguien estuviera diciendo borrón y cuenta nueva.

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