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Thursday, August 21, 2014

Cadenas rima condenas.



Los chismes terminaron siendo como esas bolas de nieve que no se vieron nunca de tanto afincarse en ese pueblito de mierda tan parecido a la caldera del diablo ese pueblito de mezquinos de pueblo chico infierno grande, donde no lleve más que un par de días casi todos los años para cuando pasa Santa Rita, y después no bajan los treinta y cinco como para andar viendo nevadas, como esas bolas de nieve que se ven en la películas de Tom y Jerry, tienen que ser que los chismes se fueron acumulando como esos ventarrones encerrados en bolas empujadas por los vientos que aplastan a los que andan por el medio y a otros más, tienen que haber sido, primero unos cuantos de los tipos más asustados por esos milicos preguntones de los que ya sabían y de lo que ya traían instrucciones, y después un poco menos pero siempre acumulando, porque así como comenzaron a serlo de pronto un día dejaron de serlo, toda esa cadena que en muchos años le sirvió al carancho para tener informada a la cúpula de la empresa que discretamente escondida seguía de cerca la limpieza convenida para las fábricas, serán cuatrocientos zurdos pero cuatrocientos son muchos para boicotear los intereses de una empresa seria, alegaba el carancho en discursos de ruedas de amigos cenas opíparas de asados con carnes tiernas de Juan el carnicero que llevaba el pedido personalmente, y vino mucho vino, festejando las ocurrencias para borrar del mapa a los molestos, no se podía seguir produciendo en esas condiciones, con los negros iracundos metidos en el corazón de la caldera y de los engranajes midiendo por conocimiento cada centímetro de una cocina que apagaban hasta cerrando la válvula del agua, esas calderas en las que se maceraba, esa lava del azúcar negra. 

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