Todo se le mezclaba cada vez que
el tipo comenzaba a manosearla por todos sus rincones incluidos esos oscuros
pliegues de los universos contenidos en sus carnes, por lugares donde ni siquiera
ella había tenido en cuenta en sus días de niña consentida y mimada, todo eso
se le mezclaba, los ascos con las calenturas, las broncas y las ganas, después
de todo estaba ahí privada de la libertad, sin poder sacar sus manos de donde
él las ponía, sin poder sin querer sacar sus manos de donde él las ponía, ni
poner las suyas adonde tuviera ganas si no le daba los permisos, las órdenes
correspondientes, atrapada por todos lados, como si la fueran acostumbrando a
que estar en cautiverio es l mismo que estar en libertad, que eligieran otros
en vez de ella era lo normal, todo eso se le mezclaba, con tibias acusaciones a
sus militancias por centros de estudiantes y parroquias donde explicaban la
teología de la liberación, en sus días de estudiante de arquitectura en el jardín
de la república, todo eso se le mezclaba cuando el otro con todo el tiempo del
mundo en esas noches interminables la excitaba sin mucho convencimiento pasando
sus manos por lugares insondables de su cuerpo desde donde le subían los
calores intensos y cálidos, todo se le mezclaba asqueada que el tipo la
obligara cada vez menos para que fuera haciendo lo que él quería, todo lo que
la llevaba de a poco a convertir el sometimiento en voluntades, las propias, a
querer que esas jornadas no terminaran, porque después venían las más largas
las que pasaba en el cuarto asqueroso de lo que era más parecido a una celda
que a un cuarto donde ella tuviera todos los enceres de las princesas, todo eso
se le mezclaba, que el tipo la tratara tan mal después de sus orgasmos seguidos,
y la volviera a tratar como reina otros días.

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