A veces la dejaba esperando en
cuartuchos inservibles, y contiguos como para que ella escuchara bien cómo los
trataba a los rebeldes iracundos que se negaban en forma terminante a pasarle
información sobre focos subversivos que se prendían por el pueblo sin que las
autoridades lo permitieran, a veces la dejaba ahí por minutos u horas como para
que escuchara mientras lo esperaba cómo trataba a los que se hacían los
pelotudos con las instrucciones que les daba, el sería un sargento de segunda
monta como se enteraba que le decían, pero era un soldado disciplinado con sus
altos mandos, la dejaba ahí mientras terminaba con sus sesiones de picana sin
tocar nada que para eso estaban los esbirros los miliquitos que les asignaban
cada tarde, diferentes todos los días como para que ninguno asociara lugares y
personas, la dejaba esperando para que los escuchara pedir clemencia,
misericordias y todas esas bostas que les enseñaban los curas cuando los fines
de semana venían a darles sermones y a explicarles lo que no tenía más
explicaciones que eran unos traicioneros a la patria, como para que supiera que
había torturas inmensamente más poderosas que las que ella en medio de los
orgasmos le susurraba al oído cuando además de fornicar o dejar que la
forniquen se animaba diciéndole que si se hubieran conocido en otras
circunstancia que si ella no estuviera en cana por averiguación de antecedentes
igual que los cientos de compañeros que podrían haber formado una pareja más
estable, probando si el otro en medio de sus placeres aflojaba y le ponía un
bulo donde ella estuviera más tranquila, sin sentir esos gritos de dolor que
sentía cuando el otro apretaba compañeros en cuartos cercanos antes, un poquito
antes de venirse con ella para empezar las cochinadas que hacen todos los días
solitos en un cuarto.

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