Cabezones de manos muy cortas y anchas, encajadas en brazos desparejos,
enanos incompletos con narices como la que dicen que le creció a pinocho por
andar mintiendo a los suyos, sombreritos de duendes en caballeros jorobados con
bastones diseñados para la mierda, niñas sin rostros de polleras cortas
paseando niños más pequeños, cosas y personajes que nacen cuando el flaco
aparece en la montaña de arena a la que va con más entusiasmo que los entusiasmos conque va a
la escuela de doble turno, que mueren cuando al flaco se lo llevan para darle
la sopa la compota de pera bañarlo y arroparlo y meterlo en la cama, para que
escuche los cuentos que relata mamá mientras trajina renegando, duermen se despiertan todos cada día, nacen y mueren todos cada día, son mejores los
habitantes de sus ciudades cuando los moldea con sus manitos y coordinaciones
de torpe, son más divertidos esos personajes que van tomado forma con la
plastilina que se mezcla y se endurece con la arena, que los otros, esos
soldaditos y cowboy de plástico o de plomo, rígido y mudos, que las niñeras lavan con paciencias
de monjas cuando se terminan los juegos, sus multitudes en sus ciudades que
también toman forma cuando las va armando y desaparecen en las noches o con el
rocío de la mañana si resistieron unas horas, igual que el propio flaco de
Pinky, que es feliz en ese morro en el fondo de la casona y se pone triste
cuando lo sacan de prepo.

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