Los hijos justifican todo, más que nada los sacrificios las nauseas los ascos, todo
el tiempo, justifican aguantarse los enviones de recuperar libertades que se
perdieron, desensillara hasta que aclare antes de mandar todo al carajo y rajarse solo como se anduvo antes de
entrar en la aventura en esta aventura de explicaciones, sola como se anduvo,
antes de las obligaciones que van saliendo juntas con las prerrogativas, y con
los motivos, como la obligación de limpiar el juego de treinta y seis cubiertos
de plata comprado por nada al camionero en apuros como estuvo él, el día que lo
compró cuando ella lo apretaba con que no le venga con historia que ella lo vio
con la otra que lo pescó in fraganti y que después no le venga a pedir a ella, lo que viene a pedir
por acá que ya va a ver lo que le da, mierda, los hijos justifican todo, todo
el tiempo los sacrificios de aguantarse hasta que se encaminen los despelotes si se encaminan, y entonces tener
la oportunidad de patear el tablero de este juego de porquería que se juega, llevar
las cruces de las obligaciones que no parecen pero que son, como la de lavar las
cortinas del living compradas en cuotas sin apuros como estuvo ella, el día que
amorosamente se puso a armar el pespunte después de meterle los cuernos una
tarde entera sin que él se enterara, episodios, huellas pequeñas o grandes que
deja la vida en familia, en la memoria, que lo explican todo que no explican
nada, los hijos se convierten en las explicaciones en los motivos, mientras los
hijos se hacen grandes y arman sus propias familias y se van de casa y se
acaban los motivos, y las explicaciones para estar juntos, aunque juntos aparecerán otros motivos otras explicaciones.

No comments:
Post a Comment