Era difícil caminar así
aletargado, solo solita mi alma deambulando después de haber estado mimado,
consentido hasta el hartazgo por esos viejos que ya se fueron, manteniendo el
equilibrio perdiendo el equilibrio restableciendo el equilibrio con una sola
pared al costado, un paso para adelante dos saltitos para atrás sin saber si al
final se avanzaba o no se avanzaba, después de haber retrocedido con el
escribano que le quitó sus patrimonios, era difícil caminar así cuando giraba el
escenario como giraba la rueda gigante del parque de Sibalero que estaba
destartalada, cuando giraba todo el paisaje de adelante con el presentimiento
que también giraba el paisaje que no se veía, como giraba esa rueda gigante y
entonces además del juego que tenía en su eje que complicaba el giro tranquilo
de esa mole con burbujas de cartón con plástico prensados donde se subían a
chivatear los niños y sus padres, chirriaba por falta de aceite en todos sus
engranajes cadenas y remaches, mientras sonaban los temas de Gabi, Fofó y
Miliqui, que salían de cuatro altoparlantes inmensos ubicados en cada uno de los
ángulos del predio, esos ruidos de fricciones de hierros viejos sin lubricantes
se propalaban con otros ruidos como llantos de docenas de niños llorando por
los alrededores, como llantos de viejas chismosas en el último velorio del
pueblo, era difícil caminar así aletargado después de las tres o cuatro cajitas
de tetra ingeridas en no más de las cuatro horas antes de dormir una mona que
no reparaba nada, antes que lo viniera a zamarrear el boletero para que diera
sólo una vuelta a la manzana repartiendo el pregonazo, era difícil caminar así,
parándose a mear dos o tres veces en menos de una hora en cuanto rincón o árbol
se encontrara a las cinco de la mañana sin testigos ni curiosos por ver lo que
ya conocían, conteniendo el orto para no cargarse encima porque eso estaba en
el programa después del reparto, era difícil caminar con toda esa resaca que
causaba mareos que hacía girar todo como giraba la calesita en el parque de
Sibalero, cuando los efluvios de aguardiente fermentaban por todos los resquicios
de esas venas que estaban saturadas de alcohol y de intemperie, era difícil
para el pregonazo hacer ese reparto pero lo hacía, el carancho cuando pasaba le
daba propinas que le alcanzaban para varios tetra.

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