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Sunday, July 20, 2014

Hipos rima trenes.


En las frías mañanas de invierno, en las horas quinientos cinco dos puntos cero coma cero, cuando la escarcha no se había derretido aún del borde de los rieles, esas bestias bufaban como si fueran humanos y se estuvieran quejando de siglos de trabajos forzados de trabajos pesados sin descansos, como si largaran bocanadas de aliento denso y de humito que se formaba por las diferencias de temperaturas entre el calor de sus entrañas y el frío de afuera, bocanadas de vapor cuando se abrían las compuertas de la máquinas para aflojar con las presiones de sus corazones que ardían, o en las ardorosas tardes de veranos en las horas mil novecientos diecinueve dos puntos cero coma cero, cuando los cincuenta grados a las sombra parecían romper las marcas de lo termómetros y el calor para derretir aún el borde de los rieles, esas bestias bufaban como si fueran humanos que se quejaban de siglos de sobre cargas para mover el tren de treinta vagones que todos los días salía desde el ingenio, deambulaba el panzón de Don López con su libretita de hule negro en la mano anotando las numeraciones que después confirmaba en las cartas deporte del despacho, con su libretita y su hipo, un paso adelante un hipo dos pasos atrás, un paso adelante un hipo y un pedo un paso atrás, trastabillaba aturdido en sus resacas, hipando en casi aprontes de vomitadas que lo hacían tambalear en sus recorridas saltando durmientes, llevaba años ahí haciendo el mismo trabajo de jefe de estación de tercera con dos ayudantes que más que ayudantes parecían fantasmas recorriendo el apeadero deslucido, en las frías mañana de invierno comenzaba con un taco de coñac que lo entonaba y en las ardientes tardes de verano apagaba sus incendios con dos o tres cervecitas antes de la cena, bufaba, como las dos máquinas de vapor que preparaban para los movimientos en playa.

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