Después del tercero o cuarto
viaje ella terminó de darse cuenta que el viejo le metía asquerosamente los
cuernos, la guampeaba como en la caldera del diablo se guampeaban todos, y
masticó su venganza calladita como era, ya vendrían los momentos de vengarse,
por lo pronto se le cortaban los víveres cada vez que viniera con algún
presente para andar cogiendo toda la noche, ella se ocupaba de los niños
mientras no hiciera faltar los víveres para ellos, todos los años la misma
cantinela los doce de octubre, todos los años la misma cantinela en la escuela
de una jornada de feriado que lo mismo tenían que ir a la escuela, ella y los
niños el guardapolvos impecable y tan almidonado que sacaba sarpullidos en el
cogote, los discursos de las maestras gordas lagrimeando, todos los benditos
años, se le empacaba el más chico hacía sus pucheros, todos los años lo mismo desde
que tuvo uso de razón resoplando por las instrucciones de ella que con los
cuernos andaba sensible, enganchadora y molesta, todos los años la misma lata
como ese año terminando la primaria, cuando le tocó bailar el pericón con la
musa equivocada, ella los sabía porque el príncipe quería como pareja a otra
que, unas tres yuntas adelante iba de un lado al otro entrelazando sus brazos
con los brazos firmes de otro gauchito de botas negras y de facones de papel
simulando los facones en serio, ella sabía que en esas rutinas, temprano, a su
niño se le empezaba a acelerar el corazón con las niñas que venían en la banda
de música que quien habrá sido, contrataba para los desfiles en la avenida
libertad, allá donde se juntaban todos en las fiestas patrias en navidad y en
los carnavales, y paseaban y organizaban quermeses con el cura párroco, ella
sabía que con las polleritas cortitas con sus uniformes de gala faldas talladas
y tableadas de color blanco como blancas eral las camisas y las corbatas y los
gorros que eran como los gorros de los capitales de barco pero todas blancas,
su niño más chico se derretía, más que con las otras con una de ellas, que lo
buscaba mucho con la mirada mientras tocaba su clarinete, como un ángel de los
que estaban dibujados en la biblia cuando la biblia venía con ilustraciones,
como a ella y a él le gustaban.

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