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Thursday, July 24, 2014

Ferias tima fiestas.



Ungüentos de eucaliptos, pomadas de menta para abrir los bronquios con apenas unas cuantas fricciones en el pecho, recuperaciones de alergias que embromaban en parte las tráqueas, para esos resfríos cerrados con mocos verdes, para asmas complicadas, boldos para apagar los incendios que venían después de opíparas ingestas de pollos fritos y arroces blancos, de las puntadas en la cabeza por las resacas de tantas libadas, tilos en bolsitas de plásticos de cien gramos, que garantizaban bajar las neurastenias de abuelos enjetados renegando por hijos sin porvenires, hojas de coca fraccionadas en paquetes de cien y de ciento cincuenta gramos, que en los acullicos o en las infusiones, transmitían nuevos bríos y nuevas energías bajando jaquecas incómodas, vigorizando para noches de orgías no interrumpidas, jugos de primer o de segundo hervor  de hojas de quimpe también en atados de cien gramos se entregaban con las prescripciones que los brotes del acné se acababan para todo el viaje, quiromancias, lecturas de las rayas de las palmas de las manos, tirados de caratas y desatadas de nudos en problemas serios de amores, todo eso, eran productos de las ferias de los bolivianos de los martes y los jueves, más mudas de ropas baratas mezcladas con frazadas de barracanes, y ponchos de lana de vicuña, aparecían las ofertas sobre tablones montados sobre caballetes improvisados debajo de carpas desplegadas y sujetadas a puntos fijos con piedras o alambres, banderines y banderitas, todas esas eran partes de las ferias a la entrada de la estación del pueblo, a pocos metros nomás donde Don López dormía su mona y sus empleados y obreros trabajaban distendidos por los vinitos que se tomaban durante los turnos, como si fueran días festivos, como si fueran fiestas patrias o patronales.

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