Igual que ese julio todos los
julios ellos mitigaban los fríos intensos en las penumbras de Catriel que tenía
luz blanca en la pista, antes que se fueran antes que los fueran lo que
vinieron con las censuras, con todos esos inventos de los que trajeron
desazones, mitigaban los fríos intensos rozando libidinosamente sus cuerpos con
los cuerpos de las niñas también calientes como ellos, franeleando sin
interferencias porque la luz blanca encendía los colores claros de las poleras
o los pantalones o la caspa sobre los hombros, pero disimulaba los contornos de
sus cuerpos cercanos mitigando el frío mitigando en parte las calenturas en
plenos inviernos, expuestos a esa luz o a las penumbras totales de los flancos
por los que deambulaban confundidos con otros solitarios que llevaban vasos de
licuados en mano y transitaban los perímetros en busca de sus medias naranjas,
en busca de otras almas en penas, igual que ese julio que todos los julios
tenían en Catriel asistencias perfectas las mismas que no tenían en el colegio
porque se hacían la rabona muchas veces para ir a presumir y boludear en las
plazas y en los paseos, mitigaban los fríos y las calenturas, igual que en los
veranos buscando el aire que los ventiladores inmensos no lograban renovar en
la misma pista, lo mismo por ahí mitigaban el calor y la calenturas, las almas
gemelas, cuando ponían las canciones el corazón en bandolera o Venecia sin ti y
sacaban las cansadoras tarantelas que desarmaban los entuertos los nuevos y los
viejos, igual que ese julio todos los julios igual que todos los veranos y en
cuantas oportunidades se presentaban mitigaban ahí en Catriel sus entusiasmos
sus energías, hasta la noche del apagón en todo el pueblo a oscuras de ese
julio, algún día de ese julio, cuando la noche se volvió más noche, alumbrada
por las estrellas artificiales de los faros y los camiones con milicos y
matones recogiendo al manchancho tipos que no se acordaban los números de sus
documentos de memoria o que estuvieran sospechados de subversiones, varones y
mujeres, igual que ese julio todos los julios ellos mitigaban sus fríos, y sus
calores, y su calenturas en Catriel, que después de ese día dejó de ser la
boite del pueblo.

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