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Thursday, June 12, 2014

Viejo rima nuevo.



De tanto que las pusieron año tras año las guirnaldas comenzaron a romperse porque eran una mezcla de papel corrugado y celofán multicolores que si bien eran resistentes, eran largas y entonces en los embalajes y en los desembalajes con los baúles y los cajones de todos los años, terminaban convertidas en unas marañas o en unas madejas imposibles de desenredar de hilos y de cables, porque además estaban enganchas con otras tipo diademas de foquitos pequeños que las resaltaban, y completaban los ajuares festivos que tres veces al año se colocaban en las pistas y en los pasillos del recreativo, y cuando las guirnaldas comenzaban a romperse empezaban las discusiones en la cuadrilla de los obreros de la misma empresa, dotados por esos días y para esas tareas a tiempo completo de los equipos y de los uniformes respectivos, especialmente de los cascos que evitaban que se les rompieran las cabezas por porrazos con las escaleras o las mechas de las pistolas con las que soldaban , se cargaban las culpas entre ellos y se comían las puteadas de los supervisores que de rato en rato se daban vueltas para seguir de cerca con esos mantenimientos, que cada año llevaban más plata renegaba el carancho que le reclamaba el ingeniero cuando autorizaba el presupuesto de estas fiestas que consideraba importante para el personal de la empresa, pero además de las guirnaldas con los años se destartalaban las sillas que eran de madera y las mesas y los mingitorios de los baños, por eso fueron quedando supeditados a los mismos trabajos de esos mismos obreros, que terminaban emborrachados de unas cervezas que les invitaban a media tarde previa a la noche de la farándula, como una muestra del agradecimiento por el trabajo de colocar todos esos elementos que tenían sus años y seguían adornando esos bailes célebres y movidos donde, eso sí, a diferencia de todas esas guirnaldas y las cortinas y el moblaje de años, las parejas se tiraban encima el ropero con ropa y otras pilchas que conseguían con trampas créditos y otras triquiñuelas, todas de estreno que, eso sí, eran sus formas de desviar las miradas hacia los que estaban mejor empilchados, tal vez los escenarios se iban haciendo viejos pero las pilchas de ellos eran nuevas aunque fueran de los más los más viejos, de esos viejos que se engominaban los pocos mechones que les quedaban como las viejas con esos peinados armados a fuerza de puro espray.

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