De tanto que las pusieron año
tras año las guirnaldas comenzaron a romperse porque eran una mezcla de papel
corrugado y celofán multicolores que si bien eran resistentes, eran largas y
entonces en los embalajes y en los desembalajes con los baúles y los cajones de
todos los años, terminaban convertidas en unas marañas o en unas madejas
imposibles de desenredar de hilos y de cables, porque además estaban enganchas
con otras tipo diademas de foquitos pequeños que las resaltaban, y completaban
los ajuares festivos que tres veces al año se colocaban en las pistas y en los
pasillos del recreativo, y cuando las guirnaldas comenzaban a romperse
empezaban las discusiones en la cuadrilla de los obreros de la misma empresa,
dotados por esos días y para esas tareas a tiempo completo de los equipos y de
los uniformes respectivos, especialmente de los cascos que evitaban que se les
rompieran las cabezas por porrazos con las escaleras o las mechas de las
pistolas con las que soldaban , se cargaban las culpas entre ellos y se comían
las puteadas de los supervisores que de rato en rato se daban vueltas para
seguir de cerca con esos mantenimientos, que cada año llevaban más plata
renegaba el carancho que le reclamaba el ingeniero cuando autorizaba el
presupuesto de estas fiestas que consideraba importante para el personal de la
empresa, pero además de las guirnaldas con los años se destartalaban las sillas
que eran de madera y las mesas y los mingitorios de los baños, por eso fueron
quedando supeditados a los mismos trabajos de esos mismos obreros, que
terminaban emborrachados de unas cervezas que les invitaban a media tarde
previa a la noche de la farándula, como una muestra del agradecimiento por el
trabajo de colocar todos esos elementos que tenían sus años y seguían adornando
esos bailes célebres y movidos donde, eso sí, a diferencia de todas esas
guirnaldas y las cortinas y el moblaje de años, las parejas se tiraban encima
el ropero con ropa y otras pilchas que conseguían con trampas créditos y otras
triquiñuelas, todas de estreno que, eso sí, eran sus formas de desviar las
miradas hacia los que estaban mejor empilchados, tal vez los escenarios se iban
haciendo viejos pero las pilchas de ellos eran nuevas aunque fueran de los más
los más viejos, de esos viejos que se engominaban los pocos mechones que les
quedaban como las viejas con esos peinados armados a fuerza de puro espray.

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