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Friday, June 13, 2014

Delirios rima dolores.



Después de fornicar una como mínimo y hasta tres veces como máximo, cada noche de cada día de la semana la doctora y el doctor se ponía a conversar, y hacerse chanzas, sobre esas placenteras y emocionantes aventuras que emprendían cuando se dormían los cuatro críos que eran unos indiazos de esos llenos de energía y de salud que le pelaban a dormirse hasta la última fracción del enésimo segundo del enésimo minuto como intuyendo lo que empezarían sus papás después que entraran en sueños, después mucho después que lo hacían se preguntaban juntos sin responderse, cómo hacían para zambullirse en esos mares de pelos de todos los tipos, de sus culos de las tetas de ella de la poronga de él, de los jugos de ella del semen de él, cómo hacían uno y el otro para querer besar todas esas mezcolanzas hasta donde pudieran o hasta donde dejara el otro respectivo, cómo hacían para nadar tan placenteramente, braceando y pataleando en esos mares que ambos, al otro día y despejados, miraban tan científicamente como podían cada uno en sus competencias, la boca ella con esas filas desparejas de dientes o de espacios vacío que dejaban esos dientes con el paso del tiempo, los demás él que después que lo echaron del hospital del ingenio tuvo entre los vecinos esa aceptación de médico de cabecera que además de prestigio trae buenas regalías, cómo esas cosas que a ellos no les producen náuseas ni en unas ocasiones ni en otras, a otras personas les produce ascos de todo tipo, eso que duele, eso que gusta, eso que raja, eso que corta.

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