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Wednesday, June 11, 2014

Traición rima tradición.


Por un par de mudas de ropa decente y comer asados todos los fines de semanas,  se compran las lealtades de los negros por un año, de esos muchachos tan predispuestos a los vueltos que salen de todos los entripados de obreros con patrones, y que no  siempre están a favor de los obreros, hay que negociar para hacer mucho con poco y en las negociaciones a veces se gana a veces se pierde, siempre que no haya recomendaciones especiales, que esas tienen tarifas superiores aunque las tajadas son para repartir entre el secretario general y sus colaboradores que no son más que un séquito de chupamedias que también la ligan de arriba, por un par de jodas organizadas con media docena de putitas que hagan dos o tres cosas diferentes como para que los muchachos queden prendados y pelotudos se compran los pundonores de los traicioneros que pululan por el campo y las fábricas, apenas corre la bolilla que hay que hacer algo con los patrones ordinarios que pichulean los sueldos y los jornales y los contratos, especialmente los contratos que vuelven locos a todos los contadores escribano y abogados delincuentes que son más baratos que los obreros, por un nombramiento de unos puestos de convenio en que se ganará menos que los de fuera de convenio pero que significan estabilidad para la familia y, si se tiene suerte, conseguir alguna de las secretarías en el sindicato de obreros y empleados, más de obreros que van a montones, que de empleados, que tienen miedos a las represalias como fue en la época de Perón y después en de Frondizi y los militares que lo sacaron por zurdo del gobierno, por algunas de esas pequeñas cosas que además son baratas para un sindicato tan rico, los choschamu que conservan en sus oficinas las fotos del general con su uniforme montado como San Martín en su caballo, fieles a sus lealtades se duermen en sus laureles, entregan sus acatamientos, que consisten en hacérsela fácil al carancho el señor secretario general elegido en elecciones de listas únicas patrocinadas desde el propio ingenio, esa es la tradición para los compañeros que más que responder a sus propios intereses por medio de sus representantes termina respondiéndoles en los tejemanejes que él arregla en las sombras con los patrones, o con los testaferros de los dueños de la fábrica, que juntan plata a paladas con la sangre de los infelices que ni reclaman, esos andan dormidos y opas.


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