Por un par de mudas de ropa
decente y comer asados todos los fines de semanas, se compran las lealtades de los negros por un
año, de esos muchachos tan predispuestos a los vueltos que salen de todos los
entripados de obreros con patrones, y que no
siempre están a favor de los obreros, hay que negociar para hacer mucho
con poco y en las negociaciones a veces se gana a veces se pierde, siempre que
no haya recomendaciones especiales, que esas tienen tarifas superiores aunque
las tajadas son para repartir entre el secretario general y sus colaboradores
que no son más que un séquito de chupamedias que también la ligan de arriba,
por un par de jodas organizadas con media docena de putitas que hagan dos o
tres cosas diferentes como para que los muchachos queden prendados y pelotudos
se compran los pundonores de los traicioneros que pululan por el campo y las
fábricas, apenas corre la bolilla que hay que hacer algo con los patrones
ordinarios que pichulean los sueldos y los jornales y los contratos,
especialmente los contratos que vuelven locos a todos los contadores escribano
y abogados delincuentes que son más baratos que los obreros, por un
nombramiento de unos puestos de convenio en que se ganará menos que los de
fuera de convenio pero que significan estabilidad para la familia y, si se
tiene suerte, conseguir alguna de las secretarías en el sindicato de obreros y
empleados, más de obreros que van a montones, que de empleados, que tienen
miedos a las represalias como fue en la época de Perón y después en de Frondizi
y los militares que lo sacaron por zurdo del gobierno, por algunas de esas
pequeñas cosas que además son baratas para un sindicato tan rico, los choschamu
que conservan en sus oficinas las fotos del general con su uniforme montado
como San Martín en su caballo, fieles a sus lealtades se duermen en sus
laureles, entregan sus acatamientos, que consisten en hacérsela fácil al
carancho el señor secretario general elegido en elecciones de listas únicas
patrocinadas desde el propio ingenio, esa es la tradición para los compañeros
que más que responder a sus propios intereses por medio de sus representantes
termina respondiéndoles en los tejemanejes que él arregla en las sombras con
los patrones, o con los testaferros de los dueños de la fábrica, que juntan
plata a paladas con la sangre de los infelices que ni reclaman, esos andan dormidos y opas.

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