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Sunday, June 08, 2014

Nauseas rima pausas.



Las sirenas se escuchaban como docenas, como cientos de lloronas, todas quejándose, al mismo tiempo, por esos largos estertores que sonaban ininterrumpidos por un minuto, largos y agudos en unas veces y cortos otras veces, esos iuuuuuiuuuuuu infinitos, las sirenas se escuchaban como sirenas en celos privadas de sus nirvanas de sus efebos eunucos, infértiles, las sirenas chisporroteaban como chisporroteaban los obreros en los cambios de turno, chisporroteaban las sirenas para zamarrear a los indolentes y a los cornudos que encontraban sus lechos calientes, y los empleados en las entradas y las salidas, que eran con pitos con bocinas de otros sonidos, mas graves, como si fueran viejitos con carrasperas, como viejitos babosos tosiendo en intervalos, los obreros y los empleados, y los ingenieros en sus gabinetes y los contadores en sus tesorerías, sin descansos reparadores desfilaban por los turnos y el carancho los defendía en el sindicato, las sirenas piteaban apenas después que el vapor pujara o relajara la presión con la que se movía por los laberintos de cañerías que eran remiendos de remiendos, que diseñaban los supervisores, cuando se abrían o cerraban las bridas, cuando se abrían o se cerraban las válvulas en los codos de esas cañerías, y el vapor circulaba mezclado con los olores nauseabundos de los baños comunes que concentraba las meadas de cientos de obreros todos los días, cuando cerraban las compresas y dispersaban esos olores nauseabundos que daban nauseas a algunos obreros más débiles que otros por faltas de pucheros, las sirenas se escuchaban como sirenas y los neurasténicos, obreros o empleados, se ponían idiotas solamente los domingos, los domingos a la tarde.





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