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Friday, June 27, 2014

Mimos rima iras.


No era para protegerla que la levantaba en andas y se la llevaba a su cama tambaleando de la tranca, no era que esa pequeña criatura temblaba del frío o del miedo a las pesadillas y entonces el la arropaba y se acurrucaba con ella en un lecho de flores de primavera, abrazándola cubriéndola con sus brazos firmes, tampoco era una madeja de ira la niña medio dormida tal vez soñando que se trataba de una pesadilla, no era que su mujer le pidiera que lo hiciera porque siempre coincidía con estancias largas de ella en la cocina fumándose un porro o tomando la birra comprada con la changa del día, quejándose de la vida de la falta de plata para vivir dignamente de la ira que le dan los que tienen, odio a los que tienen, no era que el la levantaba en andas como a un angelito, femenino con las alitas húmedas y replegadas, como los maridos levantaban en andas a sus esposas vírgenes antes de desvirgarlas y manchar las sábanas con sangre, no era para acariciarla dulcemente y acompañarla en las vigilias durante las que se esperaban los cuentos de caperucita o Alicia en el país de las maravillas, no era nada de eso, no era para eso que deambulaba en el estrecho y corto pasillo de la casucha con paredes de tablones y cartones, la llevaba sí, se acurrucaba en la cama junto a su pequeña criatura y la comenzaba a acariciar como si fuera una hembra experimentada, para que la otra le fuera ofreciendo voluntariamente sus orificios y sus ganas, suavemente sí, pasando sus manos por esos muslos, sin reacciones naturales todavía tiernos todavía, suaves de niña que empezaba con sensaciones, con esas manos de abajo hacia arriba, andando suavemente hasta el propio centro de esa hembrita, confundida aguantando en silencio las caricias que no se entendían, de dedos que le rondaban esos lugares calentitos, por allá donde salen la pis y la caca, no era para protegerla que la levantaba en andas, cuando la tenía cerca la iba sometiendo despacio como si fuera en cámara lenta, hasta acomodarla boca abajo y reemplazar esos dedos de borracho, por esa cosa grande también de su centro, esa cosa enorme que jugaba abajo, como si fuera un trompo buscando esos pequeños agujeritos, no era para protegerla que se la llevaba con el sino para penetrarla, despacito con besitos para que no se sintiera que estaba con un extraño, después de todo su mamá le decía que era su papá y a lo mejor estaban bien las caricias que le hacía, para que luego durmiera, a lo mejor estaban bien esas molestias esos dolores, esas irritaciones que le causaban estar con el único que paraba la olla para los nueve hermanos.




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