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Thursday, June 26, 2014

Dos rima tres.






Como si le hablaran al mismísimo dios tipos pidiendo misericordias, estirando como mendigos las manos como si esperaran la multiplicación de los panes, en el exilio en los exilios en los auxilios solos frente a frente con él en su oficina ahí caían pidiendo lo que pedían, compadres con sus sueños con sus pasiones sin darse vueltas por su cuenta, hombres falderos desfilando todo el turno a pesar que a la sargentona de la secretaria él le fijaba cupos de reuniones por día con la admonición que si no salían las cosas como quería no había regalos de chocolates o chupetines de esas golosinas con las que caía todos los días, deambulando por esto por aquello, un turno que se hacía por más de las horas que pasaba adentro de las oficinas húmedas, no eran un uno, ni dos ni tres, hacheros que de buenos no podían ser condenados por los jueces de paz, que los mandaban de otros pueblos porque de borrachos cagaron a machetazos algún inocente en otros lugares pero entonces ellos mismos no podían ser condenados, matacos infelices atrapados en redes de bataclanas livianas y aburridas que pasaban de amas de casa por las comodidades que les daban los mismos chuzos, que maldecían la hora de haberse casado de puro calentones lo juraban, o porque al final eran bestias buenas y dóciles y reconocían a todos los niños que nacían en su nidos fueran de quien fueran, si las brujas no se movían de sus casas, indolentes que chupaban como ladrillos de segunda y entonces se dormían unas trancas de novela, ladronzuelos hormiga de azúcar por kilo debajo de los sobacos o directamente en medio de las bolas, parias mendigando que los hicieran efectivos para trabajar todo el año porque en eso de laburar cada seis meses la plata no alcanzaba, maleducados que se envilecían y les contestaban a los supervisores de esos que a veces les calzaban unas piñas, avivados enfermos marcando tarjetas para dos o tres amigos borrachines, mujeres denunciando que los maridos no les entregaban las compensaciones por hijos, o hijos denunciando a sus padres por falta de alimentos, golpes, putas de la luz roja que se quejaban que los obreros que entraban a sus salones se terminaban yendo sin pagar, de todo atendía el gringo por toda la información le servía dentro de la empresa, eso sí, evitando tropezar dos veces con la misma piedra, al que escuchaba una vez, y le fallaba dos veces , tres lo echaba. 

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