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Saturday, June 28, 2014

Infierno rima cielo.





Revulsivo el gordo terminaba de comer, y a los hipos se levantaba en brazos a una de sus dos princesas y se iba a dormir, destilando alcohol por el aliento o por los poros, acomodaba a la elegida que tiritaba entre sus brazos, se desnudaba como podía y a la princesa también la ponía en bolas, y se metía en el entrevero de sabanas y colchas si era invierno, o se cubría con el cubrecamas afanado para cubrir sus porquerías si se trataba del tórrido verano, en esos momentos dispensaba a su consorte lo que él entendía que le tenía que gustar, se la colocaba entre las piernas se masturbaba, tocaba esas  tetas que apenas asomaban, la apretujaba en su pecho diciendo que no se asustara, que la quería mucho, como a su hermana, como a su mamá, como a todos los que comían de su lomo, revulsivo el gordo, pasaba sus manos grasientas sobre la suave piel de su doncella prometiendo paraísos que no llegaban, cielos que ahí nomás se convertían en infiernos, promesas que se diluían ahí nomás en la tormenta que desataba, y, si su mujer lo agarraba, como lo agarraba a veces después de sus eyaculaciones nunca antes como si fuera a propósito, le decía que las amaba mucho, como a sus hijos, y que agradeciera, que no es cruzado como el cura de felices los niños que se pasa a varones.

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