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Sunday, June 01, 2014

Malarias rima negocios.


Docenas de vuvuzelas pequeñas de todos los colores fosforescentes, y también coloridas matracas con sonidos infernales, traca y traca como si fueran docenas de corazones latiendo ante un micrófono o una sala de relojes del tiempo de ñaupas, con un sinfín de piñones rotando mientras se rozaban, mandando el péndulo de un extremo a otro, también emitiendo monótonos sonidos en alto parlantes, matracas y maracas de plástico, matracas que reproducían ruidos desordenados maracas afónicas engomadas del caramelo de docenas de manzanas con baños de caramelo, matracas y maracas y baleros de plástico, y banderines en celofanes ordinarios con el nombre del circo y la leyenda ese erre ele, que era la sociedad del panzón del dueño, que justamente en la panza y en esa enorme redondela de su cintura tenía toda la inversión de sus beneficios, con el otro panzón del contador que entre una partida doble y otra le afanaba lo que él les afanaba a los artistas, montones de esos minúsculos articulitos con la propaganda del circo caían en las manos de esos niños caprichosos que querían que los padres los llevaran todos los días, adminículos que esos mismos niños les hacían pagar caro a padres puteadores que maldecían a la ese erre ele al gordo y al mismísimo contador, porque todas las porquerías esas terminaban en sus manos como todas las camperas y pulóveres del grupo incluidas las de las  brujas si eran de las partidas, de a docenas los artistas, que eran poco más que una cincuentena desde que el circo entró en épocas de vacas flacas en el ingenio, convertidos en vendedores minoristas le peleaban a parar la olla.





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