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Monday, June 02, 2014

Espías rima expiado.


En medio de esos calores infernales las galas en los bailes eran siempre las mismas, los hombres camisas de hilo de colores claros, pantalones de poplin al tono, y mocasines con medias o sin que pasaban del marrón al beige sin excepciones y cualesquiera fueran los colores de los zapatos que andaban en las escalas de los colores marrones y negros, y la mujeres las damas entonces regordetas de buenos pechos y caderas, soleras también de hilo trabajado o de satenes especiales en colorinches vivos que resaltaban sus formas y las proyectaban más sensuales a las vistas de sus hombres y de los otros, zapatos clásicos tacos altos en la gama también de los colores claros, sus galas quedaban volcadas casi por completo en sus peinados llamativos y voluminosos, que eran los resultados de horas y horas en las peluquerías de Blanca y de una media docena de estilistas que los sábados comenzaban a trabajar poco después de las ocho de la mañana hasta poco después de las diez de la noche, a todo lo que podían porque sabían que ahí se concentraban el grueso de sus ingresos que por lo tanto no debían perderse, total después podían descansar tranquilas los lunes que cerraban sus locales todos los peluqueros, en medio de esos calores infernales las galas para llegar más que presentables, a los bailes en el club recreativo, que era para los empleados de puestos inferiores y los obreros, y a los bailes en el club social, donde se juntaban los de la más rancia alcurnia del ingenio, así los juntaba el carancho a todos los que el ingeniero lo tenía compelido a saber la vida y obra de cada uno con instrucciones precisas de reportes semanales para que no hubiera novedades que pudieran perjudicar la imagen de la empresa, en medio de esos calores infernales de esas galas de esos bailes con orquestas típicas y de las otras que eran los mismos músicos que rotaban, el carancho los tenía a todos, juntos, libados, bailando, en diversiones sanas, para espiarlos como quería, yendo de un lado al otro se enteraba de los cuernos, de las borracheras semanales de las mañas buenas y de la malas de todo el personal de la fábrica, y anotaba con su letra minúscula en las fichas que en los archivos ordenaba por orden alfabético de apellido, para informarle a sus jefe cuando el otro le preguntaba, él espiaba a todos y a él no lo espiaba nadie, por eso, cuando llegaba el domingo, él no comulgaba como los otros, en ninguna de las misas donde iban los mismos que estuvieron en el baile.     


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