En medio de esos calores
infernales las galas en los bailes eran siempre las mismas, los hombres camisas
de hilo de colores claros, pantalones de poplin al tono, y mocasines con medias o sin que pasaban del marrón al beige sin excepciones y cualesquiera fueran los colores
de los zapatos que andaban en las escalas de los colores marrones y negros, y
la mujeres las damas entonces regordetas de buenos pechos y caderas, soleras también de hilo trabajado o
de satenes especiales en colorinches vivos que resaltaban sus formas y las
proyectaban más sensuales a las vistas de sus hombres y de los otros, zapatos
clásicos tacos altos en la gama también de los colores claros, sus galas
quedaban volcadas casi por completo en sus peinados llamativos y voluminosos,
que eran los resultados de horas y horas en las peluquerías de Blanca y de una
media docena de estilistas que los sábados comenzaban a trabajar poco después
de las ocho de la mañana hasta poco después de las diez de la noche, a todo lo
que podían porque sabían que ahí se concentraban el grueso de sus ingresos que por lo tanto no debían perderse, total después podían
descansar tranquilas los lunes que cerraban sus locales todos los peluqueros, en medio de
esos calores infernales las galas para llegar más que presentables, a los
bailes en el club recreativo, que era para los empleados de puestos inferiores
y los obreros, y a los bailes en el club social, donde se juntaban los de la
más rancia alcurnia del ingenio, así los juntaba el carancho a todos los que el
ingeniero lo tenía compelido a saber la vida y obra de cada uno con
instrucciones precisas de reportes semanales para que no hubiera novedades que
pudieran perjudicar la imagen de la empresa, en medio de esos calores
infernales de esas galas de esos bailes con orquestas típicas y de las otras
que eran los mismos músicos que rotaban, el carancho los tenía a todos, juntos, libados, bailando, en diversiones sanas, para
espiarlos como quería, yendo de un lado al otro se enteraba de los cuernos, de
las borracheras semanales de las mañas buenas y de la malas de todo el personal de la
fábrica, y anotaba con su letra minúscula en las fichas que en los archivos ordenaba por orden alfabético de apellido, para informarle a sus jefe cuando el otro le preguntaba, él espiaba a todos y a él no lo espiaba nadie, por eso, cuando llegaba
el domingo, él no comulgaba como los otros, en ninguna de las misas donde iban
los mismos que estuvieron en el baile.

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