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Saturday, May 31, 2014

Hambres rima gracias.

Y cuando estaban en la pista movían las colas, las orejas, no lo reconocían así les sonriera sí reconocían la sonrisa tosca, roja y desprolija dibujada en su cara de payaso, no lo reconocían sin su nariz roja y redondita, sin su peluca enrulada de pelos de felpudos azules, hociqueaban, las comadrejas chupamedias, mirando nerviosas hacia donde estaba él, que durante el espectáculo les tiraba un pochoclo tras otro pochoclo de una bolsa grande que se metía antes de empezar en uno de los bolsillos inmensos de su saco inmenso, y de a ratos caminaban sobre una cinta sin fin siempre mirándolo que ese era uno de los secretos silenciosos que él tenía con ellas, mientras lo miraban y él las miraba, los animalitos salvaje, inofensivos, con su pelaje peinado se olvidaban del público a sus alrededores y entonces, estos animaluchos desgarbados con los ojos saltones y quejidos como si fueran hienas, ganaban para el circo y para reforzar los ingresos de su socio, más o menos unos veinte minutos, que al medio del espectáculo quedaban cortos y a los finales o intermedios se alargaban, y en otros ratos las ponía sobre unos cilindros pintados de todos los colores para que hicieran equilibrio y la gente las aplauda, unos cilindros improvisados sacados de unos tambores grandes de aceite que llevaban de repuesto en las caravanas, unos cilindros recuperados que el payaso Pepe le pidió al práctico que viajaba con ellos, que como ellos, sabía de construcciones y reparaciones, las comadrejas chusmas y hambrientas, iban de un lado para otro y el payaso con ellas, las comadrejas desdentadas lo reconocían, era el que las miraba tirándole manjares y ellas devolvían más que los pochoclos las miradas, y la gente aplaudía y entonces no podían irse así no más porque ellas no querían que se fuera, desde que las tenía, manejando su verdadero drama, que las gracias se van acabando con el tiempo que después saldrían otros inventos y otras gracias, que las comadrejas medio ciegas lo hacían con el disfrazado, cuando andaba por ahí sin su disfraz, ni lo reconocían al payaso Pepe, si lo veían con la cara lavada sí, si lo veían con la cara maquillada no se rajaban a esconderse detrás de bambalinas.

 




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