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Sunday, June 29, 2014

Discreciones rima confusiones.


Un príncipe de gales de gabardina liviana para el civil con una camisa celeste y corbata azul con pintas amarillas patito, es lo que se le ocurrió al discreto viejo y diligente vendedor de la mundial, cuando la mujer entre sollozos y risueña, le dijo que el delfín se casaba en unos días, de apuro, le confesó, en esas confesiones hechas de apuro también  de pura necesidad de contar lo que nadie preguntaba, que la niña llevaba más de un mes de embarazo, traje negro clásico de casimir liviano, camisa blanca clásica también y corbata en unos tonos de grises en degradé para la iglesia, estos niños seguro que no sabían en lo que se metieron haciendo cochinadas, murmuraba la mujer y el vendedor miraba para otro lado, sugerencias una tras otra es lo que se le ocurrió al paciente empleado de la mundial, que en medio de las dudas de la mujer, fue pidiendo por los fonos turno con el primer sastre que se desocupara para que subiera a tomarle la medida al retoño, y poner los frunces con alfiler los que tuviera que poner para hacer botamangas y entrar la mangas para que quedaran a la medida, en los retoques del traje de grande que tenía que quedar en cuerpo de niño, porque se las vio en figurillas para encontrar talle para el flaco y desgarbado personaje que distraído miraba pelotas como a veinte metros del lugar donde estaba, equipos y pelotas de futbol en la parte del gran salón de ventas de las grandes tiendas de la mundial, zapatos mocasines clásicos con medias color ocre para el civil, zapatos negros con medias negras también para la ceremonia de la iglesia, son las propuestas que se le ocurrieron al discreto viejo y solícito vendedor cuando la mujer le pidió por los zapatos, que el otro tuvo que traer en combinaciones de cuatro pares por color dos de la sección de niños y dos de la sección de caballeros, confundido con el tamaño y el porte del consorte, el súbito novio que parecía ajeno a las solicitudes, y a las galimatías de su madre, la mujer que enredada también, le decía al vendedor que cargara la cuenta corriente con la compra, como la carga siempre, como le cargó hace apenas unos años, la camisa y el moñito, el traje de pantalones cortos, zapatos, medias y brazaletes, todo de color blanco, el color de su candidez, que el distraído Pinky, había usado para su primera comunión.  



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