Un príncipe de gales de gabardina
liviana para el civil con una camisa celeste y corbata azul con pintas
amarillas patito, es lo que se le ocurrió al discreto viejo y diligente
vendedor de la mundial, cuando la mujer entre sollozos y risueña, le dijo que
el delfín se casaba en unos días, de apuro, le confesó, en esas confesiones
hechas de apuro también de pura
necesidad de contar lo que nadie preguntaba, que la niña llevaba más de un mes
de embarazo, traje negro clásico de casimir liviano, camisa blanca clásica
también y corbata en unos tonos de grises en degradé para la iglesia, estos
niños seguro que no sabían en lo que se metieron haciendo cochinadas, murmuraba
la mujer y el vendedor miraba para otro lado, sugerencias una tras otra es lo
que se le ocurrió al paciente empleado de la mundial, que en medio de las dudas
de la mujer, fue pidiendo por los fonos turno con el primer sastre que se
desocupara para que subiera a tomarle la medida al retoño, y poner los frunces
con alfiler los que tuviera que poner para hacer botamangas y entrar la mangas
para que quedaran a la medida, en los retoques del traje de grande que tenía
que quedar en cuerpo de niño, porque se las vio en figurillas para encontrar
talle para el flaco y desgarbado personaje que distraído miraba pelotas como a
veinte metros del lugar donde estaba, equipos y pelotas de futbol en la parte
del gran salón de ventas de las grandes tiendas de la mundial, zapatos
mocasines clásicos con medias color ocre para el civil, zapatos negros con
medias negras también para la ceremonia de la iglesia, son las propuestas que
se le ocurrieron al discreto viejo y solícito vendedor cuando la mujer le pidió
por los zapatos, que el otro tuvo que traer en combinaciones de cuatro pares
por color dos de la sección de niños y dos de la sección de caballeros,
confundido con el tamaño y el porte del consorte, el súbito novio que parecía
ajeno a las solicitudes, y a las galimatías de su madre, la mujer que enredada
también, le decía al vendedor que cargara la cuenta corriente con la compra, como
la carga siempre, como le cargó hace apenas unos años, la camisa y el moñito, el
traje de pantalones cortos, zapatos, medias y brazaletes, todo de color blanco,
el color de su candidez, que el distraído Pinky, había usado para su primera
comunión.

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