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Monday, June 23, 2014

Dos rima uno.


Parecía que los brotes de holgura económica se extenderían como olas de generosidades sobrenaturales, todo el tiempo, en los campos fértiles de su matrimonio bien avenido, un matrimonio de esos donde entre ellos no tuvieran ni un sí ni un no, ninguna diferencia que significara discutir de eso que es poner el pan sobre la mesa, ni de ninguna otra manera que distrajera la maravillosa aventura de formar una pareja, parecía que los brotes esos se fortalecerían todo el tiempo, con los cambios oportunos del clima cómplice también de esos soplos que procedían de algún lado, mucho sol humedad y presión suficientes lluvias cuando fueran necesarias, que bajaban de voluntades invisibles pero se hacían visibles en progenitores más que pudientes gracias al sudor de su frente, que les fueron asegurando las coberturas suficientes como para que ellos fornicaran y engendraran a gusto y paladar, para que se saciaran de sexo como hay que saciarse a los veinte, con energías varias veces al día todos los días en todos los rincones posibles, con la tranquilidad que cualquiera fuera la cantidad de críos que vinieran tenían asegurado los pucheros y las ropitas y todos los otros chirimbolos que en las épocas modernas inventaban para vender cada vez más cosas a la gente, parecía que todo andaría de parabienes hasta los días en que esos brotes comenzaron a secarse, de golpe de a poco, de repente, sin razones que explicaran eso, salvo en la campiña menos fértil de los rebusques cotidianos por cuenta propia cuando comenzaron a debilitarse las provisiones providenciales y entonces, las discusiones reemplazaron a las copulaciones en los contactos diarios, y las fertilidades espontáneas se cambiaron por premoniciones de los períodos de menstruaciones de ovulaciones, en cálculos mezquinos de las culeadas a reglamento, para que nada se saliera de lugar, como si fueran el uno sin el otro.





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