Igual que en las operaciones pero
esto por gusto por puro placer de hacerlo con ella, de puro calentón el tordo,
toca lo mismo que toca cuando le toca estar asistiendo a un colega cuando opera
a uno de sus pacientes, va con sus manos recorriendo las mismas geografías que
le toca ver en cada jornada, los mismos desniveles, las mismas estrías, los
mismos callos, las mismas rugosidades, toquetero el tordo tiene que descargar
las energías de esos guisos polenta que se manda al mediodía, esos guisos que
lo hacen amodorrarse en la mesa cuando los críos la van con sus travesuras de
todos los días y entonces ella no puede ocuparse de él como se ocupa cuando se
quedan solos en las noches, con la diferencia que cuando lo hace con ella, se
prende fuego igual que ella que le sigue el juego, no puede el tordo con sus
instintos, serio y protocolar como es cuando anda con ese guardapolvos blancos,
la doctora lo vuelve loco al carancho, de calentón nomás que es, y de macho
para aguantarse lo vomitivo de esos cuerpos en bolas todo el día, en cada una
de esas operaciones en la que va personalmente,
porque él le pone voluntad, pero hay días que odia esta profesión de
mierda que hace como apostolado de puro terco que es, y político, porque hace
esos esfuerzos que a la noche no lo son con ella, solamente con ella, que la
flaca se contornea entera, y le pide lo que le gusta al tordo, y él le da
mientras la otra grita y le dice que más y entonces el tordo se pierde en una
eyaculación interminable, anda bien con esos esfuerzo porque de político que es
a los que están cerca les dice que qué harían esto infelices si no lo tuvieran
en este ingenio de mierda donde hay un solo hospital, una salita de primeros
auxilios y un jefecito de mierda y como treinta mil almas de estos cristianos,
de los que , sinceramente no menos de cinco mil anda a la deriva porque en el
hospital no les dan bola así lleguen con las últimas bocanadas, igual que en
las operaciones pero prendido a sus instintos a sus más bajos instintos, esos
que lo tensan debajo de la cintura, allá donde la doctora mete mano como si
estuviera haciendo las operaciones que por sus especialidad no hace, la acomoda
el doctor igual que acomoda al paciente cuando está asistiendo y tiene que
colaborar con la anestesia, la anestesia a la doctora el tordo, la da vuelta la
penetra, se la saca, se la pone, este carancho es un toro, y mañana estará
temprano en su consultorio.

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